Imaginen los idus de marzo en el París canalla de 1834. La amalgama de colores sembrados, como un manto, en las afueras de la ciudad. El cielo pleno de granates y rojos anaranjados en el atardecer, tonalidades de azul intenso en las madrugadas. Todo aquél espectáculo nos lo brindaba la madre naturaleza como dando la bienvenida al renacer de la vida después del descanso invernal.
El lobo llevaba estreñido varios días ( a ver si van a creer que iba yo a seguir por esta línea literaria de repollo con lacito rosa). El mentor preocupado por el estado de salud de la mascota, me propuso un remedio casero infalible que debía practicar su abuela materna para estos menesteres.
Me llamó aparte y en voz queda me dijo.
-Mi abuela solía untarse el dedo índice de aceite de oliva e introducirlo en la cavidad anal del estreñido. Tu que tienes el dedo más fino deberías...
Le interrumpí.
- ¿Debería que..?
- Pues practicarselo al lobo- dijo con voz entrecortada- Ya me entiendes.
- Ya entiendo - le mentí- Voy a buscar el aceite, no se preocupe.
Huí, aunque con disimulo, claro. ¿Que culpa tenía yo de la ausencia de movilidad intestinal del pulgoso?. Seguro que había tragado una bola de pelo. Si es que ya sabía yo que esas pelambreras no eran saludables. Por no hablar de la dieta, si no se le detenía , se comía hasta su propio brazo.
El caso es que tenía cariño al peludo así que busqué una solución alternativa.
Paseaba por Port de Suffren, buscando hierbas purgantes, cuando apareció ella. En un momento pensé que me traían el desayuno, pero la luz de su rostro y la fragilidad de sus movimientos me detuvieron por completo y ya solo pude admirarla.
Se acercó a mi, el corazón... no me latía ( soy un nosferatu ¿recuerdan?). Disimulé buscando ausente entre las hierbas. Hasta que sentí la calidez de su mirada , de su presencia y de todos los repollos con lazo antes mencionados.
- Disculpe, señor...- me dijo-
Intenté hacerme el sorprendido, pero el teatro nunca fue lo mío.
- Mi señora... - saludé-
- Usted disculpará mi atrevimiento, pero me ha llamado la atención el verle a usted recogiendo plantas. y me preguntaba si era usted un amante de la botánica.
- La verdad es que si, es una de mis aficiones - le mentí-
Si quieren le hubiera dicho la verdad...
" No , es que soy un vampiro y el hombre lobo que tengo por mascota está estreñido y estoy recogiendo estas hierbas que al ingerirlas dan una cagalera de mil demonios, en vez de tenerle que introducir el dedo, pringado de aceite, por el culo"
Ella me contó que heredó esa afición de su difunto padre. Que era extraño encontrar una persona que le gustasen las plantas y si no me parecía atrevido por su parte, podríamos vernos al día siguiente para hablar de este asunto que teníamos en común.
Por supuesto acepté y prometí verla al atardecer en el mismo sitio, con una timidez extraña en mi pero aun así placentera.
viernes, 21 de noviembre de 2008
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2 comentarios:
Sepa usted que los perros se parecen mucho a sus amos...
Es posible que el mentor le ponga a prueba con el asunto del dedo y el pulgoso, para pedirle en otra ocasión que aplique su remedio en el caso de que haya que sanar su estreñimiento.
SAbe usted si el mentor va bien de la tripa? No sé si la sangre estriñe...
En cualquier caso, cosas peores se han visto que meterle el dedo en el culo a un hombre, no?
Y la damisela, padecerá de estreñimiento?
Un beso
P
Para eso nada mejor que una hoja de geranio...(por el rabito por supursto..jajajaja)
El Nosferatu salió enamoradizo...
Mira que eso de que tiran mas dos tetas que dos carretas definitivamente va a ser verdad???
O no??
Sigo
beso
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