El atardecer del 13 de junio me sorprendió encaramado al campanario de la iglesia. Desde una nueva existencia y una nueva percepción de la ciudad, veía caminar de regreso a casa a la gente, imaginaba la vida de cada uno de ellos, tan igual a mi vida anterior y tan radicalmente diferente a la actual.
Sentí una sed que me ardía en el alma, y decidí ir en busca de alimento. Bajé del campanario y me oculté en una esquina de un callejón cercano y poco transitado. Con la oscuridad y el sigilo como aliados me aposté a la espera de la próxima víctima.
Georges el herrero tuvo la desfortuna de ser la primera persona en pasar por las inmediaciones. Me lancé como un hurón y le sorprendí de espaldas, indefenso. Utilicé la técnica, por primera vez, que había aprendido de mi mentor. El bofetón. El herrero tuvo a bien regalarme otro, y así estuvimos un rato intercambiando caricias a cada cuál mas amorosa. Hasta que desistí en el intento. Y salí huyendo entre las sombras.
Georges dio la voz de alarma a la población, que desde el día anterior, sospechaba de la anemia ocasionada al molinero, y salieron en pos de mi.
A cada paso que daba en la oscuridad, surgía un incauto mostrándome una cruz con el brazo extendido y diciendo palabras en latín que yo no entendía pero bien interprete como "te la regalo".
Me gustaba el jueguecito, pero a la trigésima cruz, ya comenzó a cansarme y a pesarme en la bolsa.
El trigésimo primero me mostró una cruz de no mucho valor y me dijo la ya repetitiva frase:
- ¡Vade Retro!
- Gracias, pero... ¿no tienes otra cosa?
El individuo tembloroso me mostró con la otra mano una ristra de ajos.
- No eso no, gracias, prefiero la cruz- le dije, resignado-
De la nada, salió una procesión de señores con sotana, que portaban cruces mas grandes, y hablaban en latín. Querían clavarme estacas, cortarme la cabeza, quemarme y no se que otras cosas mas. Evidentemente y con toda educación rechacé la oferta y me dispuse a huir de la ciudad, pues ya estaba harto de que me calasen con agua bendita, me regalasen cruces, y me amenazasen impúdicamente.
En la salida de la ciudad, en el camino, oculto en las sombras, me esperaba mi mentor.
-Mira que no se te puede dejar solo - me dijo con rabia-
-Si, lo se, pero que me dice de la cantidad de cruces que he conseguido, esto en el mercado negro es un dinero, no se crea usted.
Me dio un guantazo sobaquero de los que hacen época que me tiro al suelo con las cruces y los huesos esparcidos por la tierra.
- Ahora entre el agua que me han echado y la tierra parezco una croqueta- le dije-
Vi como aquel ser se alejaba esputándo palabras en un idioma ininteligible, como nubarrones de tempestad. Como si toda la fuerza de la naturaleza explotase en cada palabra.
viernes, 27 de junio de 2008
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1 comentario:
Noi sabes lo bién que me lo estoy pasando esta tarde...
Jajjajaa
Pero que vampiro mas atípico..jajaja
Anda toma un filete y póntelo en los carrillos que entre unos y otros van hacerte parecer al jorobado de Nottre Dame..
jajaja
Sigo
Beso
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