viernes, 27 de junio de 2008

CRONICAS DE UN NOSFERATU VIII

A la noche siguiente con la amnesia que produce la ingesta masiva de sangre adulterada, me incorporé del ataúd. Un sonoro tortazo me volvió a echar. Era, como imaginareis, mi mentor que mostraba así su preocupación por los acontecimientos de la noche anterior.
-¿Sabes a quien has mordido imbecil?
- Pues mire no recuerdo muy bien, pero seguro que usted tiene a bien iluminarme al respecto.
Volvió los ojos y con un gesto de rabia contenida me dijo:
- Al cura de Saint Vincent, idiota de ahí que saliese esa chusma a lincharte.Y tu cantando la marsellesa como si fuera un juego. Menos mal que estaba yo vigilando tus movimientos, que sino, no se como podías haber terminado.
-¿El cura?, ese señor que salía del prostíbulo borracho como un piojo. ¿Era el cura?. Hay que ver como esta el clero- dije reincorporándose- El es el catecúmeno y yo el energúmeno, jajajaja.
El siguiente bofetón no me lo esperaba. Me hizo caer a plomo sobre el maltrecho intento de ataúd, que se partió a la mitad. Me dirigí al mentor ya cansado de tantos golpes
- ¿Le divierte el jueguecito?. A este paso no me termino de levantar nunca, hombre, que ya es usted mayorcito como para andar con esas bromas, además no se si se habrá dado cuenta pero duele. ¡Con la cantidad de idiomas que hay y tiene usted que recurrir al mismo!. Si ya me lo decía mi madre que no me juntase con sujetos de baja condición, que no traen más que problemas.
Indignado, harto, con los ojos inyectados en sangre, el mentor se alejó del lugar.
Seguí sus pasos diciendole:
- ¿A donde va?, ¿Pero no ve que es la hora del desayuno?, ni me ha traído el café y el croissant al ataúd. ¿Y así me quiere conquistar? Pues lo lleva claro.
Le perdí de vista.
Resignado me fui en busca de un incauto al que morder, pues ya la sed comenzaba a apremiar.
A lo lejos, en la mitad del Pont des morts, descubrí a un individuo joven asomado mirando al río, y me dirigí a el. Aprovechando que mis pasos no sonaban en el asfalto me coloqué a su espalda y le pregunté.
-¿Que hace buen hombre? ¿Se le ha caído algo?
El joven volvió la cara hacia mi y con la mirada perdida me dijo:
- Dejeme, quiero morir, la vida no es mas que un camino de sufrimiento. Mi amada me ha dejado, no soporto mi pesar. He de acabar con mi vida, aquí y ahora.
-Tranquilo, no se preocupe, le dije mientras miraba ansioso su yugular que estaba diciendo "muerdeme". No pierda la calma, eso lo arreglo yo en un momento.
De inmediato me lancé a su cuello, su sangre amarga invadió mi boca. Mientras el supuesto suicida intentaba forcejear conmigo para salvar la vida.
Sacie la sed que me quemaba, pero un sentimiento de pesar profundo invadió mi ser . La vida es una mierda, pensé, he de acabar con este calvario. Y acto seguido me tiré por el puente.
Caí en una roca, el costalazo fue de de "pèr, mèr, fille, fils et saint esprit"*.
Resignado decidí volver a tirarme. Y así una y otra vez. Hasta que mi mentor apareció en la oscuridad de la noche para decir...
- Definitivamente eres tonto de solemnidad.

* Padre, madre, hijo, hija y espíritu santo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que pasa que aqui no te podems dejar comentarios?

Leni dijo...

jajaja
Lo tuyo es grave¡¡¡
Valla imaginación!!
Pura empatia con el suicida.
Muy bueno¡¡
Beso
Sigo..